martes, 13 de octubre de 2009

Pensamientos y prácticas sistémicas en la escuela. Marianne FRANKE-GRIKSCH


Soy maestra de primaria desde 1.964.
Las experiencias recogidas a lo largo de los últimos doce años como animadora de seminarios de constelaciones familiares según el método de Bert Hellinger, me han aportado conocimientos que puedo utilizar en beneficio de la escuela.

Cuando los niños se encuentran en una clase a las 8h de la mañana, están sentados, con su imagen familiar específica e interiorizada; cada uno vive y actúa según su realidad particular, intenta trasladarla a la clase y pone en escena a su familia atrayendo, llegado el caso, compañeros adaptados al tipo de funcionamiento relacional en el seno de ésta. A través de lo que oye regularmente en casa y en su familia, los niños entre 6 y 12 años ajustan su mirada profundamente a su dinámica familiar. Como terapeuta familiar, a menudo “me muero de ganas de hacer hacer algo”.

Sin embargo, mi misión en el trabajo como maestra está claramente limitada: enseñar las diferentes asignaturas de manera ortodoxa, guiar la clase como grupo y permitir que cada alumno progrese lo más rápidamente posible. En este contexto, se me impone una abstinencia total como terapeuta. Y es precisamente esta abstinencia impuesta la que, a lo largo de los años, me ha hecho capaz de ver las cosas bajo el ángulo sistémico y actuar en consecuencia.

Utilizo las oportunidades de despertar la atención de los niños respecto a la vida, a su familia, a su padre y a su madre. Y valoro especialmente el hecho de afrontar de una manera totalmente nueva los conflictos y las tentativas de exclusión que, como en cualquier otra comunidad, se presentan en la clase.

Entrenamiento al pensamiento sistémico:

Progresivamente, formo a mis alumnos en el pensamiento sistémico. Si una madre está embarazada, si un miembro de la familia está enfermo o muerto, aprovecho la ocasión para hacer un círculo de conversación. Pensamos sobre las diferentes calidades de relación. Por ejemplo, como aman los padres a sus hijos o cual es la actitud buena de los niños frente a los padres. Ponemos todo eso en gestos y en movimientos y los niños llegan de una forma puramente lúdica a intervenir y decir frases como las que Bert Hellinger propone a los representantes en las constelaciones.

Por supuesto en esos momentos hablamos del hecho de que los niños, a veces, representan en la familia a uno de sus miembros desaparecido demasiado pronto o de como cogen a menudo el destino de sus padres. Y los niños de 11 años han encontrado por si mismos un ritual para honrar a los muertos o para no mezclarse con el destino de sus padres. A veces, constelo a un niño delante de su padre o de su madre, siendo los representantes sus compañeros de clase. Los demás ven por ellos mismos si se trata totalmente de un niño o bien si se toma por algo más que eso, si es un poco pretencioso. A ellos les gusta el abanico de todas las actitudes posibles y se proponen unos a otros frases como: “Pero papá, soy tu hijo”. Inventan sin cesar nuevas frases, la mayoría de las veces maravillosas. Se inclinan ante los muertos, les piden su apoyo y su bendición.

Hago más bien todo eso a título de ejemplo. En mi clase actual, hay muchos niños de Serbia, Croacia, Kosovo, pero también de Afganistán y de Turquía. Algunos han perdido a su padre en la guerra, otros a su tío. Hablamos de ello y decimos lo triste que es para la familia pero también hablamos de la fuerza que los muertos pueden darnos cuando les pedimos su bendición. Por supuesto, los niños lo cuentan en casa. Y en la atmósfera que reina durante las reuniones de padres, puedo sentir como el hecho de que las familias estén consideradas y sean honradas, hace bien a todos los participantes.

De las constelaciones familiares en la escuela, podemos sacar ejemplos fundamentales para mostrar hasta que punto es diferente si el padre y la madre están uno al lado del otro y miran a sus hijos o bien si se orientan en direcciones diferentes, lejos uno del otro o si quizá miran a un muerto. Hace falta mucho tacto para no invadir la esfera íntima de la familia, para no mostrar al desnudo a los niños y a su familia, para quedarse en el ejemplo.

Este trabajo y estos pensamientos hacen que, en poco tiempo, aparezca un clima cálido en la clase que no había conocido nunca antes. Por el momento, estoy poniendo a punto un catálogo que recoja todos los juegos e iniciaciones sistémicas en la escuela primaria con el fin de publicarlo. Nuevas vías para la resolución de conflictos.

Como ya he mencionado antes, extraigo caminos totalmente nuevos en la resolución de conflictos. Cuando comienza una pelea en el recreo los niños, por si mismos, vienen hacia mí. Han aprendido que no es importante que cuenten quién ha hecho qué, a quién y por qué. Simplemente dan los nombres de los protagonistas. Entonces los constelamos con representantes, si es posible con niños que no estén al tanto del conflicto. Los representantes dicen como se sienten. Buscamos un orden y unas frases apropiadas para la situación. Es un infinito alivio ver que los niños están realmente listos para dejar de mirar quien tiene razón y que, más bien, buscan como puede reequilibrarse todo, quien tiene que decir a quien: “Lo siento” o “Quiero repararlo”. La mayoría de las veces, los “compañeros” están estupefactos al ver que sus representantes sienten todo de una manera tan justa sin saber nada de lo que acaba de pasar.

Dos ejemplos de intervención sistémica:

1. En una clase de quinto (con niños de 11 años) tenía un alumno, Samir (he cambiado el nombre) que se hacía notar desde el principio del año escolar. Molestaba, no podía soportar el buen ambiente y el trabajo en común y, gritando, tirando las sillas y atacando a sus compañeros físicamente, creaba tal ambiente que muchos niños se volvían contra él y otros le tenían pánico.

Al cabo de ocho semanas, para mí estaba claro que ese comportamiento en clase ya no era tolerable. Había observado también por las numerosas intervenciones realizadas durante el curso que ese chico tenía una inteligencia por encima de la media, que disponía de un vocabulario alemán impresionante y que gozaba de un pensamiento claro y de espíritu crítico. Sin embargo, tenía notas muy mediocres. Yo tampoco llegaba a comprender como llegaba a esos estados de crisis durante los cuales se volvía totalmente pálido, hiperactivo y en los que no se le podía parar. Su mata de pelo se alzaba por encima de su frente como una montaña. Después, por lo general, el muchacho se desmoronaba y se apretaba la cabeza con las manos, quejándose de una tensión espantosa.

Rogué a su padre que viniera a verme. Él estaba al corriente del comportamiento de su hijo y se sentía muy desgraciado. Samir le daba pena y sin embargo comprendía que yo no podía seguir teniendo al muchacho en la clase. Habíamos previsto una clase especial para niños socialmente inadaptados pero yo sentía que tampoco era eso lo que convenía a ese chico. “Hay algo de su hijo que no sé todavía” dije. "Quizá debería saberlo primero", y me sorprendió mucho lo que acababa de decir.

El padre dijo que todo iba bien en su casa y le aseguré que era su espacio privado y que eso no me incumbía. "Sin embargo, me interesaría saber cuando y por qué vinieron a Alemania“. Entonces, me contó que primero se había casado en Turquía. Tras 5 años, cuando ya tenían dos hijos, dos de sus hermanos y hermanas murieron en el espacio de un año, un hermano de 23 años durante una crisis epiléptica y una hermana de 18 de una ruptura de aneurisma. "Pero fue hace ya quince años, después de eso vinimos a Alemania" dijo, y sus ojos se enrojecieron mientras me aseguraba que no sentía ya ninguna pena.

Samir que vino al mundo cuatro años después, en Alemania, no sabía nada de eso, ni siquiera que una de sus tías y uno de sus tíos (¡epiléptico!) estaban muertos. Entre nosotros se instaló un silencio tal como pasa cuando una profunda realidad del alma se deja ver y, ahí, siempre hay una luz que se enciende. Le dije al padre que ahora todo estaba claro y bien. Tenía que pedir permiso durante unas horas en su trabajo, ir a pasear con su hijo y hablarle tranquilamente de su hermano y de su hermana, contándole como habían muerto. Después de eso, debían elegir viejas fotos y hacer que las ampliaran, enmarcarlas y luego ponerlas en la pared.

El padre de Samir estaba extrañado de que pudiera haber en ello una solución a las dificultades de su hijo. Yo no le di ninguna otra explicación pero tampoco dejé ningún resquicio para la duda. Le rogué que fuera a buscar a Samir a la clase (el muchacho esperaba ya, tal como le había prometido, que viniéramos a buscarle para tomar parte en la conversación) y le dijera que no le necesitábamos, que había algo mejor, que habíamos encontrado una solución y que todo iba bien. Eso hizo el hombre y yo me quedé sorprendida al ver hasta qué punto resplandecía bajando la escalera, aunque no le hubiera explicado nada.

Al día siguiente, Samir no se presentó y al otro tambpoco, era viernes. Los padres comunicaron que el chico tenía 40° de fiebre.

El lunes estaba de nuevo allí. Un poco pálido, se puso delante de mi mesa y me dijo que su padre le había contado todo sobre su tía y su tío epiléptico y que los dos estaban muertos, y que su padre había llorado cuando se lo contaba y que también habían elegido las fotos. O.K. le dije, ahora todo está bien. Samir se quedó un poco más cerca de mí y depués fue a sentarse a su pupitre, cosa que hasta entonces nunca había hecho sin recibir una orden.

A partir de ahí, el chico se puso a cambiar de semana en semana.

Tracé para él un gráfico en un lado de la pizarra, ya que siempre decía hablando de si mismo: "Me gusta el caos Señorita Franke".

Caos<================================>Orden

Cada día podía anotar allí donde se encontraba entre caos y orden.

Tres semanas después, las primeras reacciones de la clase se hicieron oir. Un niño dijo: “Samir realmente ha cambiado. Lo que estaría bien es que no siga sentándose solo”. En realidad, hasta ese momento, nadie quería sentarse cerca de él y también él quería estar solo. A lo largo la semana, este alumno fue a sentarse con Samir, simpatizaron y excepto algunas raras interrupciones, se quedaron uno al lado del otro.

Al cabo de dos meses, Samir me dijo: "Me parece tan extraño, Señorita Franke.. Ahora estoy casi siempre cerca del orden". Hablaba de su gráfico. Y en realidad no sólo había cambiado de comportamiento sino que también había mejorado sus notas. Mientras tanto, se había convertido en uno de los mejores alumnos.

Cuando unos meses más tarde tuvo una vez más una crisis violenta, le llamé y le pregunté si este antiguo comportamiento no sería finalmente mejor para él. También le propuse que contara a su tío y a su tía que había tenido esta crisis y que les preguntara sencillamente lo que pensaban de ello. Una pequeña luz atravesó su cara y dijo: "En realidad, todavía no hemos terminado totalmente mi padre y yo. Todavía tenemos que colgar las fotos. Voy a ocuparme de eso".

Desde entonces nunca más he hablado de ello con Samir. Hasta el final del curso escolar fue uno de los cuatro mejores alumnos y sus compañeros le apreciaban.


2. En esta segunda historia se trata de Elvir: "Soy el preferido de mi madre" decía el pequeño Bosnio con un tono de profunda convicción. La clase estaba sentada en círculo, veinticuatro alumnos, niñas y niños de 11 a 12 años de una clase de quinto. El tema era: Ivica va a tener un hermano o una hermana pequeños. Discutíamos sobre el lugar que los niños tenían en sus familias y de lo que cada uno sentía al respecto.

"Yo soy el preferido de mi madre, os lo voy a mostrar" dijo Elvir, y se puso a elegir personas para su padre, su madre, él y su hermano. Los niños ya habían jugado a menudo “a la familia” y lo conocían bien.

Cuando colocó a los cuatro, la representante de la madre comenzó a mirar fijamente al representante de Elvir sin poder quitarle los ojos de encima. Le pregunté si podía ver también a su marido y a su otro hijo. Dijo que no. Miraba visiblemente a lo lejos como si lo hiciera a través de Elvir.

¿Qué es lo que puede ver? pensé, y pregunté a Elvir si su madre había perdido a alguien. Los ojos de Elvir enrojecieron pero fue valiente y no lloró. Contó: "Mi tío, el hermano de mi madre llevaba alimento a los prisioneros. El campo estaba al final. En ese sitio, a campo abierto, le fusilaron. Tenía 19 años".

Coloqué entonces a un chico de la clase al lado de la madre y retiré al representante de Elvir. Cuando Elvir ocupó su propio lugar frente a su madre y a su tío, comenzó a llorar en silencio. Se secaba las lágrimas furtivamente. Yo le propuse: "Dile a tu tío que te proteja". (Me decía que si él fue sin protección a través de ese campo y tuvo que morir, esta frase convenía a la situación). "Querido tío, protégeme" dijo Elvir. El chico que representaba al tío, puso espontáneamente, sin que nadie se lo pidiera, su mano sobre la cabeza de Elvir y dijo: “Yo te protejo". Luego, invité a Elvir a que se pusiera frente a su madre y le dijera: “Querida mamá, sólo soy tu hijo”. Lo dijo en yugoslavo. La niña que representaba a su madre le tomó espontáneamente en sus brazos. Y después lo soltó enseguida. Su impulso había sido tan significativo.... Pero se sentían un poco incómodos los dos. Algunas veces los observo. Desde entonces son muy cálidos el uno con el otro. Por supuesto, al final pedí a los niños que se sacudieran bien y salieran de su papel. Pero esta “alianza” sigue estando entre ellos.

En las semanas y los meses siguientes, este crío tan fogoso y seguro de si mismo, se volvió temeroso, ansioso y a nivel escolar no iba muy bien. Algo había empezado a descender en él. Le acompañé en este proceso y le animé. Tenía 6 años cuando, apoyado en la ventana de la cocina con su madre, había sido testigo de ese asesinato. Lentamente pudo acomodarse a su nueva persona. Hoy día está de nuevo alegre pero de otra manera – simplemente como un niño de 11 años.

COFASY
(Constellations Familiales et Systemiques - Asociación B.H. Bélgica)
01/09/2004

1 comentario:

  1. Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
    Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
    “Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos...
    Los alumnos van resolviendo los enigmas, que el maestro propone de una forma singular. La clase es una creación de todos. El aprender se transforma en una aventura.
    Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón, sin que las creencias les limiten “
    Se plantea un modelo de enseñanza que se basa en descubrir la fuerza interior.
    Hoy puede ser ciencia ficción...tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
    Creo que su sensibilidad va en la misma dirección que la mía. Por eso, me atrevo a enviale* mi libro en versión digital. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar...hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
    Carlos González
    P.D Mi blog es: www.ladanzadelavida12.blogspot.com
    * El libro se puede descargar en mi blog

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